"Libro de la Montería" de Alfonso XI


"LIBRO DE LA MONTERIA que mando escrevir el muy alto y muy poderoso Rey Don Alonso de Castilla y de Leon..."

EL REY DON ALFONSO XI “el Justiciero” (1312–1350) recogió el testigo de Alfonso X El Sabio en cuanto a la tradición de recopilar datos sobre piezas mayores, lo que dio lugar al "Libro de la Montería de Alfonso XI", que habla con cierta prolijidad de los bosques y montes hispanos de la época (Siglo XIV) y de su abundancia en animales idóneos para la caza o montería.

Fue escrito hacia mitad del siglo XIV como un tratado de caza mayor y no de geografía, pero los monteros de aquel tiempo conocían muy bien el territorio del Rey castellano y así, en el Libro Tercero, en el que se describen las zonas de caza y la organización de las monterías, se recogen cientos de nombres de lugar, de gran interés para cualquier estudio comparativo entre la toponimia antigua y la actual. Algunos de aquellos nombres han desaparecido y otros se han mantenido más o menos modificados, aunque reconocibles, pero aún quedan bastantes prácticamente inalterados, constituyendo el Libro de la Montería posiblemente uno de los documentos más antiguos, si no el que más, escrito en castellano en el que aparecen dichos topónimos.

En su edición del Libro de la Montería, que dedica a Felipe II, Argote de Molina reconoce como autor al rey Alfonso XI, y señala la participación que tuvieron los monteros mayores en la elaboración del mismo. Serían éstos los encargados de reunir la información relativa a la caza y a los montes del reino, "con pleno y exacto conocimiento".

Este tratado está organizado en tres libros. El primero trata del equipamiento del montero, las técnicas de la caza, el adiestramiento de los perros y del fuero de la montería. El segundo está dedicado a los perros: heridas que pueden recibir y enfermedades, y formas de curarlas. El libro tercero "fabla de los montes de nuestro señorío: en cuales comarcas son" y tenía la función de servir de guía geográfica de los lugares dónde organizar las cacerías. Constituye un catálogo de los montes de caza de los territorios que integraban el reino de Castilla y León y algunos del Reino de Granada, recientemente conquistados. Además especifica las bozerías (puntos que han de batir los ojeadores) y las armadas (puestos de espera, dónde se remata la pieza). Son más de nueve mil los topónimos incluidos en el libro, lo que nos da idea de la magnitud de la información que recoge.

Las monterías reales que se describen debían de implicar a un gran número de personas y animales. El Rey iba seguramente acompañado de numerosos nobles y señores, ynfantes, omes fijos dalgos, rricos omes, caballeros, ynfançones, escuderos, maestres de las hordenes (en el capº VII del Libro Primero se dice que iban a correr monte 50, 60 ó 100 monteros), los mismos que le acompañaban en sus lances de guerra, monteros de a pié y de a caballo, voceadores (batidores) y conocedores del terreno de los pueblos del entorno, perreros y canes, personal que se ocupaba del alojamiento (aposentadores), del acondicionamiento del lugar (el “camarero de paños”), criados, personal y animales de avituallamiento, personal de a pié y animales para el transporte de la impedimenta, todo un pequeño ejército, decenas e incluso cientos de personas en algunos casos.Al tratarse de una corte itinerante, sin lugar fijo de residencia, cuando el Rey iba a guerrear, aprovechaba el tiempo de camino o de espera para llevar a cabo alguna montería.Y cuando no estaba dedicado a la guerra, se organizaban las monterías desde algún lugar, castillo o ciudad importante, ocupando varios días con la caza. La caza mayor, las justas y los torneos, eran, en definitiva, un entrenamiento permanente para la guerra, como hace observar el propio Libro de la Montería y como también se recoge en diversos capítulos de la Gran Crónica de Alfonso XI, de D. Catalán.

Su editor, el sevillano Gonzalo Argote de Molina (1549-1596) fue uno de los pocos humanistas que se interesaron por la literatura del Medievo. El inventario de su biblioteca revela que reunió numerosos manuscritos medievales, algunos tan raros y tan importantes como el Libro del Buen Amor. Fue el primero que editó textos medievales con la conciencia de que se trataba de manifestaciones literarias correspondientes a otra época. Aparte del Libro de la Montería, editó El Conde Lucanor y Los Viajes de Pedro Tafur. En su obra Discurso sobre la poesía castellana editó textos poéticos medievales de gran valor.

Dice el Libro de la Montería:
“En Enero, Febrero y Marzo los osos están escondidos en las oseras y cuando salen andan mucho monte y son difíciles de cazar. Los puercos están flacos. La caza resulta poco rentable y estos meses se solían dedicar a convocar cortes o a preparar la guerra.
Abril, Mayo y Septiembre son buenos para correr el monte; buen tiempo para los venados; los osos están en celo, a veces en grupo.
En Junio y Julio no se puede correr el monte por el calor. Eran meses dedicados a guerrear con los moros y a “facer mal e daño esquilmando la tierra, quemando los panes y arrasando las viñas e las huertas”.
En Agosto y Septiembre los venados tienen mucha comida y están gordos. Son buenos meses para las monterías. Sept/Oct es el tiempo de la brama de los ciervos y la ronca de los gamos.
En Octubre, Noviembre y Diciembre los puercos y los osos tienen bastante comida y están gordos y pesados; resultando fáciles de cazar.”

Describe los distintos toques de bocina mediante los que se comunicaban los participantes en la batida de caza. Parece que se utilizaban también pitos, al objeto de no asustar a la caza antes de tiempo, cuando se estaba muy cerca de las piezas. Y en los días de viento, cuando los toques de bocina o de pito eran inaudibles, se ponían señales en una lanza en lo más alto del monte, para que se viesen. Si era día de gran viento, no se corría el monte.Cuando se exploraba un monte alejado del punto base, desde el que no se podían oír los toques de bocina, utilizaban un código simple de señales de humo: 4 fumaradas indicaban rastro de oso grande; 3 fumaradas de oso común; 2 fumaradas, de puerco.

Para saber más:
http://dpliegov.wordpress.com/50-2/ineditos/el-libro-de-la-monteria-de-alfonso-xi/
http://biblioteca.ucm.es/blogs/Foliocomplutense/5004.php#.VQNaSOG4GJw