Corríamos la avenida sin tocar suelo,
como más nos gustó siempre:
por encima de los coches.
Buscábamos las alas
para las cicatrices
de nuestros omoplatos.
Sólo había ciudad, farolas
de luz amortiguada,
y ganas de gritar
y ropa que sobraba entre nosotros.
como más nos gustó siempre:
por encima de los coches.
Buscábamos las alas
para las cicatrices
de nuestros omoplatos.
Sólo había ciudad, farolas
de luz amortiguada,
y ganas de gritar
y ropa que sobraba entre nosotros.
