Utilizaba para confeccionar esta bibliografía los ejemplares que pasaban por sus manos y los catálogos de librerías anticuarias que recibía.Las obras citadas están ordenadas alfabéticamente por autores (o por títulos en caso de ser anónimas). Se indica en cada caso la descripción del libro –tamaño, páginas, láminas, año de edición e impresor- y en el caso de algún raro ejemplar, Palau añade un comentario explicativo, incluyendo las distintas ediciones que pueda haber de cada obra y sus características. También reseña, cuando lo hay, el precio de venta del libro en principales librerías (indicando el año de venta y lo que se pagó por él, sea en libras, pesetas, francos, etc. )
La primera edición, a cargo de Palau y The Dolphin Book, vio la luz
entre 1923 y 1927 y constaba de 7 volúmenes. Tras el éxito obtenido y
ante la obviedad de que existían muchas lagunas y omisiones, Palau
decide continuar su labor. La segunda edición (también a su cargo y al
de The Dolphin Book) aparece tras 17 años de trabajo: en 1948 salió de
la imprenta de José Mª Viader el primer volumen, saliendo el tomo
veintiocho en 1977 y terminando así el corpus principal de la obra con
381.897 libros registrados. Del año 1981 a 1987 se publicaron 7 índices
por Agustín Palau Claveras.
Del prólogo: “Durante el siglo XVIII la profesión de librero exigía un aprendizaje de cuatro años, saber latín, leer griego, guardar buenas costumbres y tener una honradez acrisolada. Los estudios podían empezar a cualquier edad, pero hasta cumplir los veinte años no era posible examinarse. El examen tenía lugar en presencia de los síndicos y si se sacaban buenas notas se obtenía el carnet de aprendizaje. Luego seguían cuatro años más de ensayo, y después de estos ocho años prescritos por las leyes, se adquiría la patente de librero por cuatro mil reales.”
Para saber más: “Memorias de un librero catalán” por Antonio Palau y Dulcet
Del prólogo: “Durante el siglo XVIII la profesión de librero exigía un aprendizaje de cuatro años, saber latín, leer griego, guardar buenas costumbres y tener una honradez acrisolada. Los estudios podían empezar a cualquier edad, pero hasta cumplir los veinte años no era posible examinarse. El examen tenía lugar en presencia de los síndicos y si se sacaban buenas notas se obtenía el carnet de aprendizaje. Luego seguían cuatro años más de ensayo, y después de estos ocho años prescritos por las leyes, se adquiría la patente de librero por cuatro mil reales.”
Para saber más: “Memorias de un librero catalán” por Antonio Palau y Dulcet
